Texto original de la Huída de Magallanes

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Texto original de la Huída de Magallanes

Mensaje  Purohueso el Mar Oct 11, 2011 7:15 pm

Posiblemente, este texto ya casi no tenga ninguna validez, puesto que no estoy muy conforme con la razón de la huída, partiendo porque estaba fundada un tanto en razones de caracter religioso, pero lo que sí me gusta del texto es el estilo narrativo que tiene, bounce Aquí va:
Capítulo 1:

- Nuestras defensas están cayendo, lenta, pero inexorablemente.
- Los invasores avanzan sin parar, es como si tuviesen una infinidad de gente.
- En pronto nos tendrán rodeados, y ni quiero pensar lo que pase después, con aquellos reportes de lo que ocurrió en Punta Arenas.
- Estamos condenados, qué hacemos, entre la espada y la pared.

Sí, las cosas están mal, han pasado 3 semanas desde que Punta Arenas fuera asaltada y tomada por sorpresa por un ejercito de origen desconocido, a lo que nada pudimos hacer más que replegar la sede de gobierno a Puerto Natales, donde se desarrolla esta discusión, y evacuar en lo posible el puerto invadido.
Lamentablemente, no todos los puntarenenses pudieron ser evacuados, y luego por la información suministrada por algunos magallánicos que lograron escapar a duras penas, nos enteramos de su fin: la tortura, la muerte para muchos, y la esclavitud para otros tantos, muy pocos de hecho.
No entendimos a que se debía semejante respuesta hacia la población civil hasta que se hizo evidente por lo que fuimos observando: genocidio. Aquellos hombres de tierras lejanas, pues estamos seguros que no eran nuestros vecinos del noreste, no sólo venían a por tierras, lo cual asumimos desde un comienzo, si no que a deshacerse de los moradores, y subyugar a unos pocos para sus fines propios.

- Calma, calma. Calma, señores, si desesperamos sólo haremos las cosas peor, y sólo acelerará las cosas. Aún tenemos tiempo y espacio para maniobrar.
- Pero de qué hablas, los invasores están a 3 días de camino de aquí, y esos fueron los informes de ayer.
- Entonces, tenemos 2 días.
- Ja, y qué piensas hacer con esos 2 días, prepararse para un asedio y construir defensas, en serio, qué hacemos.
- Si me preguntas ahora mismo, sólo puedo decirte no sé, pero si nos calmamos, y pensamos un poco, alguna idea se nos puede ocurrir, algo que pueda servirnos.
- Hemos estado haciendo eso desde hace semanas, y qué hemos logrado, sólo más bajas entre nosotros, y no sólo los reclutas, si no que cada magallánico, hombre, mujer, niño, anciano, que han pillado en su camino.
- Y qué quieres que hagamos entonces, ir en un enfrentamiento frontal con toda la gente que podamos reunir…, y estamparnos contra ellos, como un barco entre las rocas.
- Al menos moriríamos intentándolo.
- …

Toctoc, suena la puerta y todos los presentes miran hacia ésta, haciéndose un silencio absoluto, abrupto luego de la acalorada discusión que se vivía en el pequeño despacho que servía de Sala de Reuniones en lo que fuera la gobernación de la ciudad, ahora el centro neurálgico provisional de la República de Magallanes.
- Pase. -, dijo Purohueso, quien fuera designado gobernador de la región por el rey Gottfried I, años atrás, y actualmente ostente el cargo de presidente, luego de que el año anterior lograra la independencia del territorio al sur de los Campos de Hielo.
- Señor, ha llegado un hombre a caballo desde el sur, su caballo humeaba por el cansancio y él mismo parecía no haber dormido en días. Dice que tiene que hablar con usted, urgentemente, ¿lo dejo pasar? -, preguntó, jadeando, el cuidador de la casa, quien seguramente había subido y recorrido todos los pasillos que llevan hasta aquí, corriendo como pudo.
- Si viene del sur, alguna información tendrá de nuestros enemigos, y si dices que tiene un aspecto tan maltrecho, quizás algo más, inesperado, pueda decirnos. Hazle pasar.
- Ok. -, y volvió corriendo hacia la entrada para traerlo a la habitación.
- ¿Qué presientes, Hueso, qué supones que pueda ser?
- No puedo asegurar nada, puesto que sólo es una impresión, pero quizás viene de Tierra del Fuego, con los que hemos estado totalmente incomunicados desde que cayó nuestro puesto de avanzada al norte de Punta Arenas.
- Esperemos que sean buenas noticias.
- Esperemos.

Mientras todos los presentes estiraban un poco las piernas luego de haber pasado horas sentados, volvió el portero con un hombre al que se le notaba el largo camino que había recorrido en cuan polvorientas sus ropas se encontraban, sin olvidar unas ojeras casi innaturales, - Aquí está, señor. Ahora, si me disculpan, iré a acomodar su caballo en las caballerizas.-
- No creo que sea prudente. Probablemente deba partir de inmediato de regreso a Santiago dadas las circunstancias, ¿podría echarle un ojo unos 10 minutos?, si me demoro más, entonces proceda.-, respondió el mensajero, dejando a todos los que encontraban al alcance de su voz en la habitación totalmente sorprendidos.
- Pfff..., como quiera.-, y el conserje se volvió a marchar.

Pasaron varios segundos de un silencio incómodo. Cada uno de los altos mandos presentes en la sala trataba a su manera de sobrellevar la sorpresa que habían provocado las palabras del chileno, como se empezaba a acostumbrar en los parajes australes a llamar a quienes hasta hace poco habían sido sus connacionales, más por mero formalismo que verdadero sentimiento, puesto que aún muchos se sentían parte del Reino, aunque reconocían con vehemencia su reciente estatus independiente. Estaban orgullosos de su presente, pero sentían algo de nostalgia por su pasado.
- ¡¿Santiago?! ¿Y ahora qué…? –, escupió en su sorpresa uno de los presentes, reflejando apropiadamente lo que estaba pasando por la cabeza de todos los demás.

Purohueso inspiró y exhaló profundamente, tratando de calmar un poco el torbellino de pensamientos, dudas, ideas que se había desatado en su mente, y extendió su mano hacia el recién llegado: - Buenos días, soy Purohueso, y creo no prudente preguntar el cómo se encuentra, - agregó mientras hacia girar su mirada en un evidente gesto respecto a las condiciones del recién llegado, - lo siento por la actual situación, y espero que no haya tenido un contratiempo mayor a los propios de un viaje de esta magnitud,… ¿o lamentablemente me equivoco?.-
- Temo que sí, aunque tenía instrucciones de moverme con cautela al acercarme a la región, lo cual me salvó el pellejo. Me acercaba a Punta Arenas cuando noté que una patrulla se aproximaba, armada y con un estandarte desconocido, definitivamente sin la Cruz del Sur de la estampa magallánica. Temiendo lo peor, arranqué al galope, y sólo la velocidad mayor de mi caballo me salvó del alcance enemigo. 2 días ha de eso, y no he dormido lo necesario desde entonces, en consideración de la posible gravedad de la situación.
- Entonces, creo que no podemos dejarte ir sin antes “obligarte” a tomar un descanso, – sonrío el presidente haciendo un gesto de comillas para darle más énfasis al chiste, -…-
- Pero debo partir de inmediato, antes de que se cierren los pasos y no pueda volver con su respuesta al Príncipe.-, interrumpió con un leve tono de desesperación el mensajero, acostumbrado a realizar su deber sin hacer caso de cansancio ni fatiga.
- ¿El Príncipe,… Bennet te envía? -, y dirigiendo su mirada a su general, con quien había compartido previamente sus suposiciones, agregó: – Sabía que había algo más interesante en todo esto, -y volviéndose al mensajero, continuó con su diálogo: - No creo que ya puedas partir, no sólo porque seguramente en los 2 días de camino hasta aquí los pasos al este han sido tomados, si no que en estas tierras tu cansancio te hará sucumbir antes de que si quiera puedas llegar al Camino del Este; y supongo que bien sabes que hacia el norte no hay camino. Lo siento, pero descansarás.
- Pero…-
- Nada de peros, no te has visto en un espejo, aún no entiendo cómo puedes seguir en pie con el cansancio que llevas a cuestas. En serio, deberías descansar, y ahora, a lo que viniste..., ¿podrías darme ese mensaje? -, y mientras decía esto, hizo una seña a uno de sus hombres quien salió rápidamente de la habitación.
- Ok, ok, aceptaré el descanso. – A lo que terminó por agregar un bostezo que no pudo contener, - Lo siento, aquí tiene la carta.- y entregó a Purohueso un rollo de papel que recién había sacado de un tubo de metal que escondía entre sus ropas. El documento venía sellado con la insignia del Príncipe en el rojo lacre.
- Gracias. -y sacó de su cinto una daga con la que rompió el sello, y le hecho una rápida ojeada a la carta. Mientras la leía, su cara reflejó súbitamente una sorpresa aún mayor que la que antes habían sentido todos a la llegada del santiaguino, mientras la daga que no había aún guardado caía de sus manos y se clavaba en el piso, lo que no pasó desapercibido para los presentes.
- ¿Qué ocurre, Hueso, malas noticias? – preguntó preocupado Pierre Dubois, su mano derecha y general del Ejército Magallánico, una vez Purohueso había terminado de leer la misiva y cerrado los ojos, algo que solía hacer al pensar.
- Estamos solos, ahora sí que sí. El norte es un caos absoluto, Gottfried sucumbió a la presión, y seguramente en algo que bien puede describirse como un ataque de rabia, algo bastante posible dada su personalidad, declaró al Reino una República, sumando la gota que faltaba al vaso en el caos que ya venían produciendo Lenix y Alain con sus revueltas. Ahora sí que estamos solos.- Concluyó, llevándose la palma de la mano a la nariz.
- ¿Y qué piensas que podemos hacer?, supongo que eso mismo estuviste pensando hace unos instantes. – agregó Vuk Kovacic, segundo al mando de las tropas, con quien largo había discutido previamente.
Hueso suspiró, miró a los presentes, y dijo: - Sé que a algunos no les va a gustar, pero creo que debemos huir al este, mientras los que así lo deseen hagan frente a los invasores, así sea para dar tiempo al resto mas que ganar una batalla. Los pasos en las montañas están cerrados, por lo que nuestra única opción es el mar, aunque las condiciones no sean las mejores para la navegación. Se acerca el invierno, y tendremos que construir los barcos rápidamente, -suspiro nuevamente y se dirigió al último que había hablado-, tú querías hacer frente, ¿crees que puedas darnos 1 o 2 semanas?, aún no hay una claridad con respecto al número de tropas de que disponemos: quiero dejar la opción libre para el que quiera defender, y para el que acepte huir, pero ¿crees que algo puedas hacer?.
- Haré el intento, señor, pero ¿no cree que está siendo un tanto pesimista e impulsivo?, - respondió el croata.
- Un tanto, pero ya no queda otra, el avance de los invasores es imparable, y aunque estemos meses haciéndoles frente, al final nos veremos entre los hielos y las espadas. No habrá negociación, sólo muerte, sólo genocidio. Debemos salir de aquí mientras haya tiempo, y este es quizás el último momento para hacer algo. Pensaba viajar al norte por mar, rearmarnos en Aysen y prepararnos en caso de que continúen su marcha, pero veo que el caos sólo se vería incrementado si los miles que somos aparecemos buscando asilo allí. Nuestra única opción es el este, y las montañas ya no son franqueables en esta fecha. Lo único que nos queda es hacernos a la mar, ir a los despoblados de la Pampa, rearmarnos por si continúan camino al norte, y esperar a que podamos volver a recuperar lo que es nuestro, sea por la razón de las palabras o la fuerza de las armas.
- Está bien, entendemos tu razonamiento, ¿cuándo piensas que debemos partir? -, dijo Mario Pellegrini, gobernador de Puerto Natales, considerando que sería su trabajo, a raíz de su cargo, reunir las provisiones para el largo viaje.
- Tan pronto como sea posible, mañana mismo inclusive, ¿se podría arreglar para que en una hora más de unas palabras al pueblo?, debemos actuar con rapidez, no tenemos tiempo-, contestó el Presidente, pensando lo mismo.
- Informaremos a los que podamos, pero créeme, será difícil, y más aún en tan poco tiempo.- dijo Pedro Morales, encargado de las comunicaciones en la nación.
- Lo entiendo, y correré el riesgo.
- Entonces, tienes nuestro apoyo…, ahora alguien me explica en qué. – dijo Zuhur Otxoa, Ministro de Economía, quien había ido a avisar a Martín Panguilef, el encargado del hogar, para que se dispusiera un baño y habitación para el mensajero.
- Zuhur, Zuhur, cuando aprenderás.-, Purohueso río, y mirando al gobernador, - Mario, explícale, mientras te ayuda con los preparativos. Al menos es cuidadoso con el dinero, o si no estaríamos condenados desde hace meses. Ya, ahora si me disculpan, tengo que pensar en un buen discurso.
Mientras todos salían de la habitación para llevar a cabo sus labores, el enviado de Bennet habló: - ¿Debo volver y comunicar esto al Príncipe?, tan pronto descanse, claro está.
- No creo que vayas a encontrarlo a tu regreso, si es que quieres de verdad regresar. Si así lo deseas, puedes partir con nosotros, ¿o prefieres volver al norte solo, sin importar los rigores del clima?
- Tengo una familia que cuidar, más aún en estos agitados tiempos. Debo volver a mi hogar.
- Al menos tienes uno a dónde regresar. –, dijo Purohueso, con expresión entristecida, - Suerte en tu regreso. Que Zippy te acompañe en el camino, y te permita superar las adversidades hacia tu destino. -

Capítulo 2:

Purohueso se encontraba sentado en un sillón de cuero que había en la habitación contigua a la Sala de Reuniones, ocupada en su mayor parte por la gran mesa de roble y las sillas que la rodeaban. Más agradable, era el lugar donde solían continuar con sus conversaciones una vez resolvían terminar con el Consejo, siempre y cuando no hubiera prisa con alguna acción a tomar, como bien no había sido el caso de esta tarde.
Todos, salvo el Presidente, habían partido raudamente a hacer los preparativos y tareas, mientras él tomaba su lugar de costumbre en circunstancias más amigables.
Una intensa hora había transcurrido en los recovecos de su mente, meditando muy bien sus palabras, pensando si lo que había decidido era hacer lo correcto, si el estar por mandar a la muerte a miles de magallánicos por un poco de tiempo para salvar la vida de varios otros miles realmente valía la pena, si la huída era la mejor opción, si no había alguna otra salida escondida.
Definitivamente, se había precipitado aquella decisión, lo que le pesaba en la conciencia, más aún que el asunto de las miles de eventuales muertes. La prudencia estaba entre sus cualidades, y siempre masticaba a lo menos un día cualquiera de sus decisiones, meses inclusive, como había ocurrido con la Independencia. No, ahora se había precipitado, un segundo, medio segundo, nada más que eso se había demorado. Trataba de consolarse considerando la gravedad de la situación, pero aún así…, ya había dado sus explicaciones a su círculo, pero ahora debía dárselas al resto, a todo Magallanes, qué les diría, cómo los convencería de abandonar sus tierras.

Cuando Morales regresó, lo encontró en el sillón, inamovible, pensando, meditando, totalmente desconectado del exterior, sumergido en el torbellino de su mente armando ideas, conjugándolas en palabras, formando oraciones, repitiéndolas con su voz, pero aún así, sin darse cuenta de que tenía compañía.
El Ministro se acercó con cautela a su superior y le tocó el hombro mientras decía: -Señor, señor, ¿está listo? -, y ante la falta de respuesta, agregó,- Señor, ¿me escucha?-, mientras el golpe en el hombro del Presidente incrementaba en su fuerza.
- Purohueso… ¡Purohueso! -, ya había empezado a zarandearlo de los hombros, perdiendo la paciencia luego de 1 minuto de tratar de volverlo en sí, pero finalmente logró una respuesta.
- Ah, ¿qué?, ¿qué pasa?, ¿qué pasa, Pedro? -, dijo un tanto agitado al salir del carril de su mente y volver a la realidad.
- Se había quedado literalmente absorbido en sus pensamientos, y tuve que empezar a zarandearlo para que volviera.
- Otra vez, -, suspiró, - perdona haberte hecho perder el tiempo, pero la situación apremiaba concentrarme por entero en encontrar las palabras. Será difícil lograr lo que pienso hacer.
- Espero que las haya encontrado a tiempo, señor, una multitud le espera en la Plaza frente a nosotros.-, y en ese momento, Purohueso notó el murmullo que venía del exterior, de la ventana que en el costado opuesto tenía la habitación, -Si me quiere acompañar al balcón al final del pasillo…
- Vamos. Debemos aprovechar al máximo el corto tiempo del que disponemos. -, dijo, levantándose enérgicamente y caminando en dirección a la puerta.

- ¡Hueso! -, murmuró desde la escalera, al comienzo del pasillo, Zuhur, mientras subía rápidamente los peldaños.
- ¿Qué pasa, cómo van las cosas? -, respondió Purohueso desde el otro extremo, deteniendo su marcha hacia el balcón desde donde pensaba dar su discurso, y dándose vuelta para ver de frente a su ministro.
- Bastante bien, hemos revisado los inventarios de los almacenes en la ciudad y ya empezamos a cargar los suministros en carretas. Mario se está encargando ahora mismo de coordinar los esfuerzos para tenerlo listo de aquí a la noche.
- Mejor de lo presupuestado, - sonrió el Presidente, – ¿pero tenemos suficiente, cuáles son las estimaciones?
- Aún faltaría ver eso, de acuerdo a cuánta gente quiera quedarse, y cuánta acepte acompañarte, pero estimando que las cosas se repartan a medias, debería alcanzar para al menos 1 mes a los que se marchan. Para los que se quedan estamos presupuestando sólo un par de semanas…, si realmente se enfrentan, los que sobrevivan tendrían más que suficiente, y si las cosas terminan de la peor manera…, al menos no tendrán un gran botín. -, contestó un tanto dubitativo el vasco, - Perdona…-
- Trankil. Entiendo lo que estás pensando, y comprendo lo que sientes. Siento que hayan tenido que ustedes pensar en eso, y no haberlo hecho yo mismo, pero como están las cosas, sí, está bien que consideres eso. Hablaré con Vuk para que lo sepa, si es que lo quiere considerar. Saber que dispone de otra alternativa…, quizás le ayude a pensar en una buena estrategia.
- Gracias. Ahora, si me disculpas, debo volver a ayudar a Mario.- y dicho eso, Otxoa se dio la vuelta y bajo apresuradamente la escalera.
Volviéndose, sonrió a su Ministro de Comunicaciones: - Perdona la interrupción. -, y caminando nuevamente en dirección al ventanal que se abría de par en par hacia la Plaza, que se veía llena de gente en toda su extensión, agregó: - ¿Podrías hacer el preámbulo acostumbrado?, es hora.-
- Como siempre. Suerte, Hueso, y que Zippy te de fuerzas para lo que estás a punto de hacer.- y se asomó al balcón.

Además de eso, tengo escrito parte del discurso que proseguía, y también una idea de la escena misma:
(descripción de la gente en la plaza, mencionando el aviso previo, luego vision del discurso desde este lugar, no desde el balcon)

Trozo de texto extra, quizás para el discurso que sigue…
todos, todo Puerto Natales, todos los magallánicos que podamos encontrar, o al menos los que estén dispuestos a dejar atrás nuestra tierra querida, y volver a emprender la aventura del asentamiento, al menos mientras las cosas no se calmen aquí, mientras los invasores tengan esa ansia genocida, mientras no haya estabilidad en este lado de la cordillera.
Y por último, un pequeño diálogo de la escena de la Tormenta, Genial!
- Tormenta perfecta, cómo aquellas de nuestro Cabo de Hornos, ojalá Zippy nos permita regresar alguna vez a las tierras de nuestros ancestros. Ver las Torres, sentir las ráfagas, el frío, la lluvia. Ay, Magallanes nues... -a lo lejos se ve un barco, algo sumamente extraño en una situación así- ¿qué demonios..., un barco?

Enjoy, cheers
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Purohueso

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