Capítulo II

Ir abajo

Capítulo II

Mensaje  Bennet Hatch el Mar Oct 25, 2011 8:47 pm

Parte I
De Santiago a Valparaíso
o
Nadie quiere vista al cerro



Amanecía. Bennet fue forzado a permanecer en cama, aunque durmió más bien poco, preocupado por la situación que ya había previsto. La ciudad, aunque protegida con guardias, a todas luces quedaba muy mal defendida; ni siquiera disponían de algunas tropas de reserva. De los casi 7 mil 500 hombres en condiciones, 3.000 fueron enviados a la batalla, 500 se quedaron como guardias en la ciudad y mil de reserva. De ellos, Magnus envío 750 a Valparaíso, dejando, con parte de ellos, preparado el transporte de armamento y asegurado el camino; en 10 ó 12 horas, el transporte estaría completo, si Bennet así lo quería..., y así lo quiso.

Magnus también había enviado grupos de hombres de avanzada para alertar sobre cualquier acción o avance de las tropas enemigas. La comunicación con el norte se había perdido casi del todo, más aún, no se sabía si existían todavía bastiones de defensa leales por esas zonas. Se procedió entonces a dejar una pequeña guarnición en la ciudad de Santiago, y se cambiaría de centro administrativo, haciendo a Valparaíso el centro del manejo del Reino. Se hacían entonces preparativos para que una vez enviado el escaso arsenal a la ciudad puerto, los nobles pudieran marcharse de Santiago.

Sir Magnus se había preparado para todo..., todo lo que esperaba podía ocurrir. Es que, defender Santiago sería simplemente imposible, y lo que era peor, en caso de ser atacados en la ciudad habrían quedado atrapados irremediablemente, y ahí el Reino habría quedado sin control alguno.

Comparativamente Valparaíso presentaba enormes ventajas, el acceso estaba limitado, al ser por un par de caminos... o el mar. Hasta no tener ambos bajo control, el enemigo no podría asfixiar a la ciudad. El control terrestre lo garantizaba Santiago, el marítimo era tambaleante, pero tardarían en ser derrotados de forma total en el mar. Lo más probable era un ataque sobre Santiago, y luego un asedio y bloqueo terrestre de Valparaíso, acompañado del avance de navíos enemigos.

Magnus y Bennet no podían estar más de acuerdo en la necesidad de cambiar el centro administrativo del Reino. El acuerdo tácito entre ambos era preparar todo, aunque cada quien velaba por objetivos diferentes, Magnus buscaba evitar a toda costa la caída total del reino, aunque estaba dispuesto a huir. Bennet, tras dejar su inconsciencia, estaba más preocupado por evitar la pérdida de vidas civiles.

En Valparaíso Sir Haralad había hecho un trabajo excelente preparando el Palacio Ducal para las visitas, que llegaban al atardecer del cuarto día desde la abdicación de Gottfried. Todo estaba maravillosamente arreglado; Parecía realmente un modesto y acogedor palacio solemne. El Salón Real tenía vista al mar, al igual que el despacho y habitación del monarca. Y habían suficientes habitaciones para todos los nobles que quisieran residir en Palacio. Sin embargo, varias de ellas tenían vista al cerro.

Al anochecer, Bennet se retiró rápidamente a su habitación, excusándose por su estado de salud y cansancio. Fue entonces Sir Harald el encargado de llevar a cada quien a su respectiva habitación. Las quejas y discusiones iban y venían, pero todo terminó cuando Sir Magnus llegó y dijo que quienes habían pertenecido al Consejo tendrían el derecho y la obligación de escoger antes la habitación. Lo dijo con tal fuerza que nadie se atrevió a cuestionarlo. Así, todos los nobles del Consejo, salvo Holbein, quien cedió la vista al mar a su maltratado padre, lograron quedar con vista al puerto y al extenso mar.

Bennet se quedó en su habitación callado, no dormía, la luna reflejada en el mar iluminaba su habitación, mientras él observaba callado a través de la ventana el firmamento nocturno. Da Palestrina estaba en la Catedral acostado, esperando encontrarse con el Cardenal por la mañana.

Siendo de madrugada, en Palacio todos dormían, salvo Magnus y Harald. El primero estaba en su despacho escribiendo en su escritorio, bajo una vela que iluminaba su pluma vacilante y rápida, y una bolsa con dinero. Sir Harald estaba en el balcón mirando el mar. Dos horas después, toda la ciudad dormía, bajo la guardia de los muchos centinelas.


Última edición por Bennet Hatch el Vie Dic 30, 2011 3:08 pm, editado 2 veces
avatar
Bennet Hatch
Admin

Mensajes : 93
Fecha de inscripción : 14/10/2011
Edad : 24

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Capítulo II

Mensaje  Bennet Hatch el Miér Dic 28, 2011 3:41 am

Parte II

Mucho Antes del Epílogo del Reino de Chile
o
Prólogo de la Nueva Capital


Valparaíso aún no empezaba a despertar, y ya los centinelas seguían atentos y algo cansados los irregulares sonidos producidos por las carretas cargadas de bienes, comida, dinero y especies diversas provenientes de Santiago, la caravana tardó más de lo previsto.

Todo esto daba un marco de cierta tristeza: El lúgubre sonido de los caballos avanzando, la melancólica melodía de las ruedas pasando sobre las piedras de las calles... El desánimo rondaba el ambiente. O al menos el ambiente dentro de la habitación de Bennet: Él se había levantado y vestido, y observaba desde el balcón el espectáculo que tenía enfrente.

Varios navíos estaban en puerto, unos cinco de ellos eran de la Flota Real, uno sería despacahado esa misma mañana a vigilar las costas, algo más al sur. El resto de la Flota Real se encontraba en el Norte. La Armada del Reino no era muy fuerte, apenas era más que suficiente para contener ataques piratas, y de diversos filibusteros, sin embargo, no podría hacer frente a ninguna flota poderosa, la menos no esperando una victoria.

Habían varios barcos mercantes: Galeras, naos y carracas. La mayoría de ellos siendo cargados de diversos materiales. Salvo ocho de ellos, navíos mercantes ya comprados por Sir Magnus, con la aprobación segura, pero semiconsciente, de Bennet. Esta compra fue realizada considerando la posibilidad de que se necesitara dejar Valparaíso. Todos los navíos estaban con marineros trabajando en ellos, preparando todo lo necesario, para lo que fuera que se estuvieran preparando, muy distinto al lúgubre pasar de carretas.

Bennet había enviado,ç desde Santiago dos cartas oficiales y selladas: Una, bastante más personal que de costumbre, a Dante Secoli, Presidente de Magallanes; otra a José Manuel, el Barón encargado de la defensa del Sur. Recordaba las palabras que había enviado, esperaba ser lo suficientemente enfático como par alertar a Dante sobre la situación del norte, y a José Manuel para que tomara las medidas necesarias.

El Monarca observaba la ciudad, aún dormida. Y cuando giraba para ir al Salón Real, oyó entre el avance de carros, carruajes y demases, el galopar de un mensajero. Giró y vió que una estela de polvo se veía más allá de las murallas. Al tiempo que las puertas se cerraban y un caballo se dirigía a Palacio. Apresurado, bajó por las escaleras. Al bajar divisó una figura envuelta en una capa, saliendo deprisa, con pasos inaudibles, de la habitación de Sir Magnus. Al poco tiempo vió salir al mismo Magnus.

Lo detuvo y saludó, preguntándole por el galopar del mensajero: Sí, le he oído, dijo, y explicó que estaba terminando de realizar un pequeño asunto pendiente, que tenía desde Santiago. Ambos se dirigieron al Salón Real donde se encontraba el mensajero. Las carretas se estaban silenciando. “El asedio a Santiago ha comenzado”, se oyó como un eco en palacio, retumbante. Así como en los presentes, que rebotaba dentro de ellos mismos. Fue como recibir la noticia de la muerte de alguien enfermo: Se sabía que iba a ocurrir, estaba agonizante. No obstante al llegar el momento ninguna preparación resulta suficiente.

Se informó la situación: El ejército enemigo muy numeroso, la ciudad aislada, la población no tardaría en rendirse, y un largo etcétera. No era muy diferente de lo que dijo Holbein padre sobre el enemigo. Nadie sorprendido, todos en silencio miraban a Bennet.

-Que se alisten las tropas, que hagan guardia y se armen, y el resto que ayude a cargar los barcos con todo el dinero, telas y joyas que puedan -Dijo Bennet, pensando en salvar lo más posible-. Que se guarde toda la comida y se racione, estaremos listos para el asedio.

- Enseguida, Majestad -Contestó de inmediato Holbein hijo, que se encargaba de casi todo asunto de organización en la ciudad, con tal de arreglar en algo los errores de su padre, que eran inevitables.

Las campanas de la torre del reloj marcaban las ocho, Bennet se puso frente a los estantes que recién habían llegado, que estaban ya llenos de libros, buscó por 5 minutos hasta que se le oyó gritar: “¡¡Dónde diantres dejaron mi tragedia favorita!!”, el libro se había perdido. Cansado, tomó un libro que hablaba de Oriente y de tanto oro oculto en sus palacios que no cabría en cien mil barcos, avanzó 20 páginas y lo llevó consigo mientras se dirigía a la Iglesia, en el carro.
avatar
Bennet Hatch
Admin

Mensajes : 93
Fecha de inscripción : 14/10/2011
Edad : 24

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Capítulo II

Mensaje  Bennet Hatch el Miér Dic 28, 2011 1:49 pm

Parte III
Al Confesionario
o
No Pierdas la Cabeza

El carro pasaba por las calles que comenzaban a tener bullicio, tanto por los habitantes del burgo como por los soldados y navíos. La ciudad cobraba vida, y con espasmos fuertes por la noticia del asedio de Santiago. El sonido seco de los cascos de los caballos, llevó el carro hasta la Catedral.

-¿Y eso?-.Dijo da Palestrina -. Habría jurado que usaría carruaje...
-No, no, Su Eminencia... Vengo por otras materias y tomé lo que tenía a mano-. Dijo mientras sacaba el libro titulado “Los tesoros de Oriente”- Verá usted que hay mucho de qué hablar, cuando le explique los acontecimientos sucedidos hasta ahora... ¿Ya llegó el Cardenal?
-No, Majestad- Dijo mientras entraban en la Catedral -.La verdad es que debe estar por llegar...

Ambos avanzaron por la Catedral. La construcción era de marcado estilo Gótico, rivalizaba con Catedrales Europeas: Las terminaciones, agujas, y la amplitud que tenía maravillaban. La luz del amanecer entraba por los vitrales y daban aún mayor solemnidad y una sensación de recogimiento incomparables. El eco de los pasos entre nave y nave, y los susurros y oraciones varias, daban el telón de fondo a las palabras de Bennet.

-Tome el libro, guárdelo y ábralo luego, hemos de hablar en un lugar más... privado- Bennet entregó el libro, y ambos se dirigieron al confesionario.
-Bien- Dijo susurrando el eclesiástico-. Hable Majestad.
-Me equivoqué respecto al asesinato, en efecto no era nadie cercano... Pero sólo era un intento entonces, ¡no dos!- Dijo al borde de gritar.
-Entonces... ¿Tiene a alguien en mente?- Dijo, curioso el Arzobispo-. ¿Alguien que desee verlo muerto?
-Mucha gente, demasiada aún, no le diré a los principales personajes sospechosos, pero en algún momento darán un paso, estoy seguro... que habrá otro intento contra mí.

El Arzobispo, inmutable, escuchó atentamente a Bennet.
-¿Está seguro, Majestad?- Dijo el prelado -.¿No será que el golpe en la cabeza lo dejó algo paranoico?
-Puede ser, sí... Lo reconozco- Dijo, encogiéndose de hombros -.Pero puede que no, no dejaré que mi cuello se aleje de mis hombros...
-Dígame, entonces... ¿Por qué lo asesinarían ahora? ¿Qué ganarían con ello?
Bennet reconoció que sin un Reino, y con dinero suficiente para adquirir un par de ejércitos y algunos condados, no podría hacerse mucho.

Se despidió del Arzobispo, enviándole saludos al Cardenal. Salió de la catedral, reflexionando sobre las ganancias que podría tener el asesino... ¿Alcanzar una paz entregando la corona? Y conservar un Reino, sí... No, era imposible que el enemigo aceptara, no con la victoria en las manos... Pero... si alguien extranjero volviera a su reino con un título y dinero ¿No sería una excelente posición? Podría garantizarle ayuda del Reino para “recuperar” esas tierras y obtener títulos, prestigios... sí... La mente de Bennet se dejó llevar por esto y ni se percató de que ya le habían traído su carruaje.

El Arzobispo abrió el libro, leyó sobre tesoros, palacios y un pasaje le llamó la atención, estaba subrayado: “Por ambición surgieron y cayeron los que tenían estos palacios y tesoros, y en su reemplazo ascendieron otros, motivados por la ambición misma que guiara a los primeros.”. Con la imprenta se publica cada cosa... se dijo da Palestrina, mientras se iba a orar antes de que llegara el Cardenal.
avatar
Bennet Hatch
Admin

Mensajes : 93
Fecha de inscripción : 14/10/2011
Edad : 24

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Capítulo II

Mensaje  Bennet Hatch el Vie Dic 30, 2011 2:59 pm

Parte IV

Breve Charla de Sobremesa
o
¿Sopa de Mariscos?


Bennet volvía a Palacio, Magnus organizaba a las tropas, ayudado por Holbein. Harald y su hijo Eric alistaban los barcos, y preparaban las habitaciones y camarotes de los mismos. Holbein padre estaba con el doctor y con Gretchen, su nuera. Thomas se encontraba firmando una enorme serie de documentos y papeles. El Cardenal llegaba a la Catedral y da Palestrina lo recibía. La familia de Sir Magnus recorría la ciudad, salvo Anneliese, que se había quedado en palacio a aprender sobre música, con los músicos de Funnetolli, bajo la atenta mirada del aya.

Sir Magnus veía desde las ventanas del Salón Real el carruaje de Bennet dirigiéndose a puerto. Se giró y despachó a Holbein a los muros para que vigilara a a los centinelas y se hiciera cargo de su distribución en el adarve de la muralla. Todos se reunirían al mediodía al almuerzo, paa discutir la situación general.

Magnus fue a la cocina a ver al cocinero, éste se mostró nervioso, quizá por lo poco habitual de que alguien le fuera a ver. Magnus vió que se preparaba una sopa de mariscos, plato que no le agradaba mucho. Con una cara de decepción volvió arriba, a su habitación.

Faltaba una hora para el mediodía, cuando Harald llegaba, acompañado de Eric y Bennet. Harald se excusó un minuto, diciendo que se retiraba a dar una vuelta antes de comer por los patios del jardín, en el entretanto, Eric y Bennet fueron al Salón Real. Allí estaba Magnus, observando los barcos siendo cargados. Ambos charlaron largo rato, y observaron luego a Anneliese tocando. Cuando faltaba poco para servir el almuerzo, y empezaban a llegar los invitados, se dirigeron a Magnus.

-Ah, Magnus- Dijo Bennet-. ¿Qué tal va todo?
-Bien, Majestad, bien... a pesar de todo, bien.- Se detuvo un momento-. Hoy hay sopa de plato de entrada, lamentablemente no me gusta mucho ese plato.
-¿No?- Dijo Holbein-. A mi me encanta.
-Sí, a mi también- Habló el Monarca-. Sin embargo siento débil mi estómago, no podré comer hoy, creo.
-Ah... veo que seremos dos quienes no comamos la entrada- Respondió Magnus-. Bien, debo ir a preparar unas cosas de inmediato, vuelvo enseguida.

Magnus se retiró, y Bennet recibía a todos los comensales. Comerían Thomas Molsey, su secretario, quien casi llega tarde. El Cardenal Lorenzo Trevisan, el Arzobispo da Palestrina, Sir Harald y su hijo, Sir Eric, Sir Charles Holbein y su esposa Gretchen. Sir Magnus comería con su hijo Argus.

Bennet se apartó un momento y habló con da Palestrina.
-Giacomo, piensa en lo siguiente, si soy muerto algún noble podría conseguir apoyo extranjero....
-Bennet, basta- Dijo da Palestrina-. Deja tu paranoia de lado de una buena vez, ¿quieres? Tienes guardias, tienes de todo, ya te intentaron asesinar una vez.
-Dos, para ser exactos- Respondió molesto-. Y no dudo que lo intenten nuevamente.
-Bien, ya, supongamos que te quieren asesinar, ¿qué harás al respecto?
-Pues detener al responsable y ejecutarle
-Ya, bien... ¿cómo planeas descubrir al responsable?

Bennet enmudeció, no sabía bien quién o por qué querrían matarlo, el enemigo lo haría de seguro para dar el golpe de gracia. Pero... ¿alguien de adentro?, ya, podría ganar algo, no sin disputas, pero podría... Aun así ¿cómo descubrirlo?

Llamaron a la mesa. Sirvieron los platos, Harald y Argus rechazaron los mariscos. Bennet y Magnus aceptaron sólo un poco. Comenzó la plática de sobremesa, con una bella vista al mar a través de las enormes ventanas abiertas de Palacio..

-Es un agrado tenerle aquí, Cardenal-. Fue el saludo tipo de todos los comensales.
-Gracias, en verdad, las difíciles condiciones por las que pasa Chile en estos momentos me obligan a querer ayudar de la mejor forma que pueda, ejem- Carraspeó.
-Bueno-. Dijo Benent-. Holbein, ¿cómo van las tropas?
-Se hace lo que, ejem- Carraspeó-, disculpen...
-¿Está bien, Holbein?- Dijo Bennet, sin recibir respuesta.

En ese momento se dieron cuenta de que todos quienes habían probado la sopa comenzaron a toser. El Cardenal cayó de espaldas con su silla, ante la atónita mirada de todos, bueno, de todos quienes pudieron verle. Bennet gritó llamando al doctor, mientras atendía a los invitados con ayuda de los que estaban sanos. Espuma blanca salía de la boca del Cardenal mientras el resto presentaba similares condiciones; apenas podían respirar.

Bennet apenas había probado la sopa, sin embargo comenzó a sentir cómo todo se veía borroso y una incesante tos le asfixiaba, tras un último llamado al doctor, cayó al suelo, tosiendo aún, para quedar pronto inconsciente.


Fin del Capítulo II


Última edición por Bennet Hatch el Vie Dic 30, 2011 9:40 pm, editado 2 veces
avatar
Bennet Hatch
Admin

Mensajes : 93
Fecha de inscripción : 14/10/2011
Edad : 24

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Capítulo II

Mensaje  Bennet Hatch el Vie Dic 30, 2011 9:05 pm

Ok, ya finalizé el Capítulo II, que duró menos (en extensión de tiempo dentro de la historia) de lo que creía. Actualmente se ubicaría en el día Lunes 5 de Diciembre de 1470. al mediodía, más o menos.
No me aventuro a decir quiénes han muerto o ivido rtras este intento de asesinato, seguro bennet ve confirmada su paranoia y se enclaustra o quizá ahaga lo contrario, buscar al perseguidor. En fin, irá sobre la marcha.

Como siempre esto queda abierto a comentarios, correcciones incongruencias, etc.
avatar
Bennet Hatch
Admin

Mensajes : 93
Fecha de inscripción : 14/10/2011
Edad : 24

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Capítulo II

Mensaje  Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.