De cómo Fernán se involucró en las guerras de Chile

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De cómo Fernán se involucró en las guerras de Chile

Mensaje  Fernán Pérez de Guzmán el Mar Dic 20, 2011 7:29 pm

Fernán nació entre los años 1445 y 1450, en España, más concretamente como quinto hijo del marqués de Fonseca. Desde muy joven fue criado entre soldados, pues ya se intuía la Guerra de Sucesión. Estuvo bajo la tutela de fray Ruiz de Pereda, que le inculcó los valores de la rectitud y la lealtad. Este fraile fue el que lo envió al Reino de Chile en 1468 para protegerlo de las guerras. Pero allí pronto estallaría una.
Lo enviaron a una ciudad del valle de Curacaví, con cartas de recomendación para Álvaro Acardo, hidalgo que gobernaba la ciudad, escritas con grandes alabanzas. Esto influyó en el nombramiento de Fernán como sargento de la guardia de la ciudad. Durante un año tuvo que hacer ver que estaba en ese puesto por su valía, y se fue ganando a los soldados y, con bastante más trabajo, a los demás oficiales.
Cuando don Álvaro se casó con Graciela Sanchéz, todo se torció. Dicha señorita no fue para nada fiel al matrimonio, pues no amaba a su marido. Fernán ya se había hecho un hueco entre los oficiales y era de los favoritos de don Álvaro, esto hizo que don Álvaro le encargara la vigilancia de su esposa. Pero Fernán se enamoró de ella, y esta le confesó que estaba a favor de la abdicación de Godofredo I, sobre el que empezaban a murmurar los cortesanos. Finalmente, Godofredo I abdicó en Bennet, convirtiéndolo en Bennet I. Aquí comienza esta historia.
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De traiciones y decisiones

Mensaje  Fernán Pérez de Guzmán el Lun Dic 26, 2011 1:45 pm

Bennet no empezó teniendo un reinado tranquilo, sino que tuvo que apresurarse a defender su tierra frente a los rebeldes que seguían al padre de Godofredo. En el valle de Curacaví, esto no afectó a los habitantes de la ciudad, pero sí a los soldados y oficiales que temían que los enviaran al frente.
Don Álvaro viajó a la capital, Santiago, para recibir órdenes de Magnus. A los dos días volvió, de muy mal humor, pues le habían encomendado que con sus apenas 100 hombres defendiera el valle y, si el enemigo avanzaba sobre Santiago, se uniera a la defensa de la ciudad.

Don Álvaro esperaba que Bennet I aguantara en Santiago hasta el final, pero su sorpresa fue mayúscula cuando una gran caravana de sirvientes, soldados y riquezas pasó por el valle en dirección a Valparaíso, nueva sede de gobierno. Al mando de la retaguardia iba Sir Magnus, que ordenó a Don Álvaro que se dirigiera con todos sus hombres a Santiago. Don Álvaro asintió, pero cuando las luces de la caravana real dejaron de verse, dejó de fingir preparativos y mandó a Fernán cerrar las empalizadas del camino a Valparaiso. Fernán se extrañó, pero llevó consigo una docena de hombres a las empalizadas del Este. Él era un soldado, aún creía en las órdenes. Cerró las empalizadas y dejó allí a su amigo Felipe Santana con otros dos hombres, y volvió al lado de don Álvaro. Avistó la ciudad al día siguiente de que la caravana pasara por el valle, se dirigió a la casa de su señor, en la que encontró a don Álvaro preparando su marcha, junto con la de todos los soldados y una pequeña milicia de dos docenas de habitantes del pueblo. Parecía que se había decidido a auxiliar a la sitiada capital.

La última noche antes de partir, don Álvaro estaba muy ocupado redactando, firmando y cuchicheando con el capitán, por lo que Fernán se escabulló a los aposentos de doña Graciela. Cuando entró, se apresuró a abrazarla y cubrirla de besos, pues su marido apenas le permitía recibir visitas y se hallaba siempre encerrada en su cuarto. Fernán le contó que esa sería su última noche juntos, pues era de esperar que Santiago caería ante el inminente ataque rebelde, y con la ciudad todos sus defensores.

- ¿Inminente ataque decís?- replicó la hermosa mujer.- Santiago lleva sitiada cuatro días, tened por seguro que mi esposo va a Santiago, pero yo también he de ir con él.

- ¿Vos, señora? -inquirió el de Guzmán.-disculpadme, pero ¿qué pinta una mujer en un asedio. Don Álvaro debería...

- Calla, calla, no hablemos de política.-dijo doña Graciela cerrando la boca del oficial con sus dedos.- Tú deberías aprovechar esta última noche conmigo.

A la mañana siguiente, don Álvaro ordenó la marcha hacia la ciudad, pero aún así, pasó todo el día hasta que el grupo se puso en marcha de noche, con el capitán Alberto Nuñez a la cabeza acompañado de don Álvaro y de Fernán. Las horas que pasaron a caballo fueron espantosas, pues aparte de tener que soportar las burlas del capitán, se extrañaba que don Álvaro no le conminara a callarse como había hecho otras veces. Llegaron a Santiago cuando el sol estaba en lo alto y divisaron que la bandera de la torre del homenaje no era la del Rey. Aún así, el capitán no detuvo la marcha y entraron a la ciudad sin complicaciones. Don Álvaro y el capitán Alberto fueron al palacio real, dejando el mando de los confundidos soldados a Fernán, que acampó con sus hombres cerca de la puerta Este de la ciudad y se dirigió a comprobar cómo estaba doña Graciela. La mujer estaba acomodada en una de las casas cercanas, y en cuanto Fernán entró empezó a farfullar:

- Traidor...rebelde...el Rey lo colgará...

- Mi señora, ¿qué decís?- preguntó Fernán, que aunque sabía que era partidaria de Bennet I, no la creía tan apegada a su bando.- Si hay algo que yo pueda hacer para contentarla...

La joven esposa levantó los ojos, antes llenos de lágrimas de odio, y ahora de lágrimas de amor ante aquél joven oficial, del que se había enamorado. Y juntos elaboraron un plan para olvidar las guerras y la política, pero para lograrlo tendrían que abrazar un bando, y Fernán sabía que, aunque los rebeldes eran superiores, solo Bennet podía concederles los favores que querían.
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Re: De cómo Fernán se involucró en las guerras de Chile

Mensaje  Moxvidal el Miér Ene 18, 2012 3:13 am

Creo que Fernan nos Dejo Por su PAis el Muy Ingrato xD
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Re: De cómo Fernán se involucró en las guerras de Chile

Mensaje  Fernán Pérez de Guzmán el Vie Ene 20, 2012 7:43 pm

Nunca...

Falta de inspiración, nada más
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Re: De cómo Fernán se involucró en las guerras de Chile

Mensaje  Aratto el Sáb Ene 21, 2012 4:10 am

se entiende..
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SIEMPRE FIEL

Mensaje  Fernán Pérez de Guzmán el Dom Feb 26, 2012 6:03 pm

SIEMPRE FIEL

Fernán se secó el sudor de la mano derecha y aferró con fuerza el pomo de su espada antes de abrir la puerta e introducirse en el comedor donde la gran mayoría de los soldados y milicianos del Curacaví se reunían a tomar un frugal almuerzo antes de volver a sus tareas. Mientras caminaba hacia el capitán Núñez, una inmensa espalda al otro lado de la taberna, con un hacha de doble hilo cruzado a la espalda y revestido de cuero y acero, sus hombres le mandaban silenciosos mensajes de ánimo: la mayoría sabían que iba a hacer. Al llegar a varios pasos de la mesa del capitán, rodeado de sus oficiales allegados, Fernán plantó los pies firmemente en el suelo, bajó la visera del yelmo con un golpe seco y, muy lentamente, desenvainó la espada. El capitán en ese momento reía una broma de su compañero y movió la mano buscando en vano la jarra rebosante de cerveza. Fernán dijo con voz calmada y lo suficientemente potente como para que toda la sala lo escuchara:

- Alberto Núñez, os invito a que depongáis las armas y me acompañéis a la picota, donde permaneceréis hasta el amanecer para ser juzgado por traición al legítimo rey. No pienso repetirlo.-Acompañó estas palabras levantando la espada y señalándolo, mientras que aproximadamente dos tercios de la compañía y algunos de los milicianos se levantaron y desenvainaron sus armas. De los restantes, la mayoría se quedó sentada, perpleja y algunos, los cercanos al capitán, esperando una orden suya.

El capitán se giró, mostrándole de nuevo la multitud de pequeñas cicatrices que le surcaban el rostro, y se levantó pesadamente. Con una mirada detuvo los brazos de sus oficiales, que ya echaban mano de sus armas y desenvainó el hacha. Solamente dijo:

- Habrías sido un buen capitán.-Y rugió levantando el hacha.

Fernán esquivó fácilmente el golpe con un paso a la derecha y agarró el arma con ambas manos. “Está bebido. Solo espero que el ruido no salga de la taberna”. Sus hombres tenían órdenes de no dejar salir ni entrar a nadie. Observó al gigante enfrente suya con su arma ya levantada de nuevo y supo que no podía dejar que lo atrapara. El segundo golpe impactó en una de las mesas, atravesando la madera como si fuera un trozo de carne y Núñez fuera el carnicero. Intentó golpear mientras volvía a levantar el hacha, pero la espada rebotó contra el mango de madera endurecida al fuego y el impulso dejó su flanco derecho desprotegido. Y el carnicero atacó. Hubo una sucesión de golpes más, en los que ninguno ganaba terreno pero Fernán no podía permitirse esperar a que se cansarse, así que hizo algo que puede quebrar al más experimentado de los soldados, cambió su forma de luchar. Antes había atacado con amplios tajos horizontales y verticales para aprovechar la fuerza del impulso, pero no conseguía nada, ahora optó por estocadas, y en vez de bloquear el hacha, simplemente daba ligeros golpes para desviar su trayectoria. El capitán se desconcertó y tuvo que bailar, y dejar de usar la fuerza bruta para luchar. Al poco tiempo, Fernán dejó de retroceder y dio un paso hacia el capitán a la vez que lanzaba una estocada a la rodilla, se retiró y rápidamente golpeó el hacha cuando ya bajaba hacia su brazo. Atacaba por un lado e inmediatamente después por el otro mientras que el capitán ahora se limitaba a lanzar tajos cuando lo tenía al alcance. Cinco minutos luchando habían agotado a Fernán, aunque el hacha no lo había tocado ninguna vez, pero el capitán jadeaba y mostraba cortes y muescas en la armadura. Finalmente cayó sobre una rodilla y Fernán detuvo el golpe a medio camino y bajó el arma:

- ¿Os rendís? – preguntó.

- Jamás, yo seré un traidor, pero seguiré vivo cuando la guardia de la ciudad acuda.- tomó su cuerno de caza del cinto y sopló, pero el sonido murió antes de que saliera de la garganta, después se derrumbó. Un dardo le había impactado en el cuello.

Fernán miró el cadáver durante un momento y le hizo un gesto de cabeza a un oficial, que cogió a dos hombres y se llevaron el cadáver, mientras que se amordazaba a los leales a Núñez. Fernán y sus hombres, a los que se unieron la milicia al completo y los soldados que no sabían nada, empezaron a salir en pequeños grupos. Treinta hombres al mando de Mejías Ordoñez se quedarían en la ciudad, pues no podían salir todos sin que sospecharan de ellos. Los cincuenta restantes y la milicia, comandados por el propio Fernán y acompañados del carruaje de doña Graciala, fingirían una expedición más allá del valle y se dirigirían a Valparaíso, donde Bennet I había organizado la resistencia. Cuando todo estuvo organizado, Fernán se reunió con Mejías, sabedor de que si lo veía de nuevo, sería en el campo de batalla, donde el ejército de Bennet no los diferenciaría de los rebeldes.

- No te prometo nada pero en el campo de batalla despliega bien alto el estandarte, acudiré en tu ayuda e intentaré proporcionaros un paso seguro a Valparaíso.- Se despidió de él y de su compañía cerca de la puerta, después se dirigió a caballo al frente de sus hombres.

Ya cruzaba la puerta cuando oyó la voz de Mejías Ordoñez, exclamando el lema de la Compañía de Valparaíso:

- ¡Siempre Fiel! ¡Recuérdaselo Fernán, a él y todos!

Todos los hombres de la compañía, dentro y fuera de la ciudad, exclamaron como uno solo:

- ¡Fiel hasta el fin!

Fernán volvió la mirada al frente, e imploró una señal que le mostrara si hacía lo correcto, pues una y otra vez el pensamiento volvía con los hombres que seguramente no volvería a ver.
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