Texto original (Boceto, no formará parte de la historia)

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Mensaje  Administrador el Dom Oct 02, 2011 1:52 am

El Palacio Real se sumió en una especie de lúgubre silencio. Tras terminar de hablar, el Rey Gottfried se marchó rápidamente, dejando tras de si el ruido de un firme portazo. Un silencio sepulcral se apoderó del recinto, cortos momentos silenciosos en los cuáles miles de reflexiones viajaban por la cabeza de todos los presentes...Incluido el Príncipe Hatch, quien era príncipe del Bío-Bío desde hacía no mucho tiempo.
Aquel Señor, heredero al trono, recordó su vida como noble: Cuando se esforzaba en subir escaños, sus sacrificios y lealtad casi del todo a prueba de dudas para con Gottfried, y cómo se terminó haciendo cercano y amigo del monarca. Sintió la disolución del Reino y creación de una República, como si alguien le estuviera apretando la garganta y el pecho, y le arrebataran todo por lo que él había luchado.
Cuando él se movió, lentamente, la reacción general fue una cosa casi instantánea, todos comenzaron a moverse, a caminar rápido, mientras Bennet pensaba en cuál sería el paso siguiente.
Era un día bello, perturbado sólo por el ruido de quienes salían apresurados de palacio, una exquisita y enorme construcción, en la que no era difícil perderse entre los pasadizos que quedaban en el fondo, lo sabría Bennet el día con que se encontró sólo cerca de una mazmorra. Al igual que entonces, la luz lo cegó casi por completo salir. Salió con una inusitada rapidez, tras darse cuenta de que cualquier intento de razonar con Gottfried sería inútil.
El Príncipe planeaba volver a su región para quizá disolver las acciones de Gottfried o separar la región... “Separar la región...Enfrentar sólo a los enemigos...No podría...”, reflexionó, acertadamente según lo veía él, antes de partir.
Antes de partir a Concepción decidió escribir una carta sellada, con sellos personales(Reales y oficiales) a Purohueso en la que, junto con informarle la noticia, le preguntaba cómo se encontraba, qué haría y un dejo de querer irse del reino.
A medio camino de su destino, tras meditarlo, Hatch decidió dejar listos unos barcos para preparar un viaje largo a Europa; Quizá viajaría a concertar ayuda extranjera. El mensaje fue enviado a Valparaíso, donde los barcos tendrían que dejarse listos para zarpar desde allí.
El tono naranja del cielo y las bellas formas de las nubes hacían de éste amanecer uno particularmente bello. No obstante, no lograban maravillar al Príncipe, y menos apaciguar su mente con todos los pensamientos que zurcaban su cabeza: Movimientos de tropas, acciones militares, de gobierno, la gente, los recursos, dineros, los ciudadanos, las ciudades del norte, Purohueso, Mox...¡Mox!, ¡Diantres! -Pensó Hatch en quien se encontraba en San Pedro: El único noble que Hatch tenía a su cargo. Mox, barón de la misma localidad en la que se encontraba- ¿Cómo me olvidé de él? Debo alistar algo para que se entere..-
Desde Concepción Hatch se enteró que gran parte del Reino se paralizó, y que él como príncipe heredero, quedaba casi en condiciones de gobernante no oficial. ¿Una república sin transición y sin planes de ejecutarse? No parecía viable en tales condiciones, adversas por decir lo menos; no era poco una guerra en franca pérdida, tropas sin liderazgos y gobierno sin cabeza. Por tanto, parecía obvio que sería él quién tendría que manejar la situación.
Al llegar a palacio sus consejeros estaban amontonados fuera, esperando las informaciones y noticias que les traía el príncipe. Tras oírlas, quedaron atónitos y todos acompañaron al príncipe adentro de palacio.
-El Reino ha de caer, lo más prudente es huir en busca de ayuda- Dijo uno de los consejeros -Hay que alistar toda una flota ahora mismo, antes que caigan las que están defendiéndonos...- Dijo otro -No será posible- Replicó Sir Edwin de Riga, el joven consejero militar -Recordad que ahora, nuestras tropas están desconcertadas- Dijo mientras sacaba tres cartas de su bolsillo- Poco antes de la llegada de nuestro Príncipe, llegó la noticia de la disolución de un regimiento, la sublevación de otro y la pérdida de otras divisiones en el Norte- -Pero eso es en el Norte- Dijo el más anciano de los consejeros, Lord Marmück -Aún tenemos tropas en la región...- -La disolución y revuelta son de tropas de ésta región, Señor...- Dijo el joven -Señorías, no podéis negar que ésto demuestra fehacientemente mi punto, será imposible dirigir una defensa a nivel nacional, no nos queda más que ganar tiempo, pero debe ser ahora...Estoy seguro, señores, que éstas no han de ser las últimas noticias que nos lleguen aquí- Finalizó dejando sobre el escritorio del Rey las cartas
La discusión comenzó a girar en torno a ésto, mientras, Hatch tenía claro en la cabeza que tendría que huir del Reino. -De acuerdo- Dijo el mandatario interino -Lo más prudente será entonces, dejar a nuestras tropas agruparse en fuertes y ciudades, y dejar a su criterio las acciones de lucha.-.
Se había decidido finalmente la huida, desde Valparaíso se dirigían los últimos esfuerzos, al menos, del Príncipe Hatch. Se decidió que los nobles, dignatarios tropas, se movilizarían hacia Valparaíso.
En cuanto a Mox, Hatch envió una carta, dentro de ella comunicaba que huiría en busca de ayuda, quizá a Europa, y que le comunicara lo antes posible su decisión.
Ya era de mañana, y el sol se ocultaba entre unas nubes, parecía mirar acurrucado, todos los acontecimientos. En la ciudad, los carros fastuosos y las pequeñas carretas se agolpaban en las calles de la ciudad. Los ciudadanos se encontraban temerosos. Hatch comunicó que en caso de derrota nada del país se vería afectado, salvo las zonas de lucha; el objetivo de los enemigos era conquista de ocupación no de eliminación. Hatch y sus consejeros sabían que los enemigos querían enemistarse lo menos posible con la población y evitar la mayor cantidad de daños.
Se retrasaron en la partida, varios ciudadanos partieron antes que ellos en dirección Sur y Este. Los enemigos avanzaban rápido desde el norte, y las tropas no podrían ofrecer mucha resistencia. Por lo que, los nobles y el príncipe, junto a otros ciudadanos adinerados, se dirigieron a Valparaíso. Los nobles irían acompañado de un destacamento en caso de inconvenientes, la tropa partiría más tarde.
Todos los nobles y algunos ciudadanos llegaron,sin inconvenientes a Valparaíso, allí encontraron tropas de Santiago que recién habían llegado la noche anterior. Las noticias no eran muy alentadoras, pero eran lo que esperaba el Príncipe, las tropas enemigas tardarían menos de una semana en llegar a Valparaíso.
En puerto, eran 9 los barcos que habían, de ellos 2 naos bastante grandes estaban casi listas para partir, y arregladas para el viaje del príncipe, junto a las embarcaciones, había otra nao, dos carabelas y una goleta, la nao extra y otras embarcaciones menores, saldrían esa tarde, llenas de ciudadanos que huían. La flota de Lord Marmück, ya no era siquiera una esperanza.
Los nobles y el príncipe se asentaron en el nuevo palacio, no de forma total pues sabían ya todos que el único camino, más temprano que tarde, sería el de huir. Por tanto gran cantidad de los bienes fueron embarcados en las naves. Y se adquirieron los barcos restantes, quedando así 3 naos, 2 carabelas y una goleta.
El estado de los navíos era bueno, salvo el de la otra nao, que se notaba un poco vieja. Más allá de eso, se notaba que con buenas condiciones de tiempo, todos los navíos podrían atravesar el atlántico a través del estrecho de Magallanes.
En palacio el ambiente era ajetreado, informes por aquí y allá, papeleos, escritos...Sirvientes corriendo rápido, funcionarios corriendo aún más, y ciudadanos haciendo consultas ajetreadamente. Quién viera la escena global, se habría imaginado una escena de caos, pero al ver de cerca, se veía el orden en los movimientos.
-Señor, tenéis que ver esto, un informe dice que los barcos enemigos están a 4 días de navegación, y las tropas de tierra están prontas a asediar Santiago- Dijo un cansado consejero, era Sir Harold Marmück; por mucho más amable, simpático y diplomático que su padre. -¡Rayos!, se adelantaron un día de lo previsto- Dijo el príncipe- ¿Aún hay corsarios que ralenticen su avance, cierto?
-Así es, Señor, pero será difícil que logren detenerlos más de lo esperado...Menos aún derrotarlos.
-Bien, entonces se deben preparar las defensas y traer a todas las tropas posibles- Dijo, firmemente, Hatch -Junto con ello hay que preparar la evacuación, calculen la cantidad total de gente que puede ir de forma cómoda, la cantidad de comida disponible en la ciudad y cuánta de ella necesitaremos para llegar a Europa...Con respecto a las riquezas, supongo que llegarán primero las tropas de a pie, aligeren los navíos y traigan el armamento a los muros.
Durante la noche, varios ciudadanos se agolparon frente a las puertas, pidiendo saber qué pasaba. Dentro de palacio, Hatch discutía con sus consejeros acerca de los navíos y qué debían cargar en ellos. -¡Esto es ridículo señores, no podéis cargar todo de riquezas!- Dijeron casi al unísono, Sir Harold y Sir Edwin -Y vosotros, jóvenes ¿no sabéis con que compráis apoyos?- Replicaron otros -No hay mejor modo que con riquezas y dineros, no seáis insensatos- Ambos bandos se calmaron cuando Hatch tomó la palabra -¡Nobles!, es innegable que con riquezas podemos comprar ayudas y es verdad que las personas merecen ser rescatadas, en especial ilustres ciudadanos y ciudadanas.- Dijo con cara calmada, luego un consejero se levantó -Señor, id al punto, por favor, que eso no es más que recapitular- Dejando entrever su preocupación por el hecho de agotarse el tiempo...o la paciencia -Tranquilo- Contestó Hatch- Voy a eso. Bueno, Hay riquezas para comprar varias tropas y traerlas al reino pero ¿Qué más grande para un Rey que agregar otro Reino a su colección? De ése modo, estando dispuestos a “ceder” la soberanía, conseguiremos los apoyos necesarios- La discusión acabó allí.
Se cargaron riquezas y se dejó espacio suficiente para cerca de 90 personas además de los nobles, familiares y sirvientes. Con comida suficiente para meses de viaje.
Durante la madrugada posterior a la decisión, llegó un mensajero, se trataba de un comunicado de Mox. -¡Mox!, al fin noticias suyas- Exclamó Bennet -...Esperad un momento..¿Por qué no vino él mismo?- Su cara empalideció y, abriendo el mensaje lentamente con su abrecartas de plata, vió lo que temía. -¡Desgraciado!- Gritó Hatch, ante lo cual el mensajero dio un paso atrás -¡Mox! ¡Si serás idiota!...Quedarte a luchar...Quedar como un héroe. ¡Las razones por las que te elegí para el cargo son las que ahora hacen arrepentirme de haberte puesto ahí!- Vociferaba contra la carta, como si Mox pudiera oírle -Mensajero, descansad aquí un par de horas..- El mensajero levantó la mano, tímidamente -Señor, tengo órdenes inmediatas de volver con su res...- Sus palabras fueron interrumpidas de forma seca por la mirada fulminante de Bennet.
Mirando fijamente al mensajero, habló -Escuchad bien, ¡yo soy vuestro superior aquí!...Y creo que en todo el país- Dijo, más sosegado, mirando al suelo como en busca de respuestas o explicaciones a esta situación –Descansaréis, no permitiré que os vayáis sin comer. Un par de horas no harán la diferencia. Dijo, mientras lo guiaba al interior del comedor de palacio. En el fondo, sentía una enorme desazón por Mox y lo que, pensaba, podría depararle la suerte.
Hatch se fue a su dormitorio, consiente que le quedaban 4 ó 5 días en Valparaíso. Las tropas enemigas estaban por acechar, los navíos seguían resistiendo, aún más de lo que se esperaba...Pero... Debía escapar en 2 días, 2 y medio máximo. ¿Y las gentes inocentes? ¿Y Mox?. Más que la gente a Hatch le preocupaba el estado de su joven subordinado. Después de todo, era el único que tenía...La aversión a la pérdida de alguien que más que como amigo, quería como persona...Tal vez le entrañaba el verlo tal y cómo se veía a si mismo cuando niño...Cuando niño. Sin embargo, le causaba impotencia el no poder rescatarle, el tener la certeza de que, por más que resistiera, sucumbiría...
Hatch envió un mensaje a Mox, esperando le llegase sin contratiempos... En las puertas de la ciudad, estaba Hatch con el mensaje confiando de forma casi total en el mensajero, y en la conciencia de éste, tanto de la premura con que debe llegar, como de la imperiosa necesidad de alertar a Mox. Era definitivo, Mox quedaba del todo a su suerte...Hatch sintió que su corazón se apretó...Caminando lentamente, regresó a palacio, quedaban grandes decisiones que tomar.
El alba indicaba el cumplimiento del plazo máximo, las tropas, aprestadas en los muros y en los lugares altos, las gentes asustadas, sabían que entre hoy y mañana, llegarían las tropas enemigas... El día anterior había sido agitado, llevando a los ciudadanos más destacados, ancianos, parejas, jóvenes, niños y señoritas, todas ocupaban lugar en las naos y carabelas...En la goleta iban bienes y algunas armas.
Se hizo noche, la gente estaba cansada...Preveían su destino, encerrados todos en sus hogares, parapetados, asustados y apenas la calma de saber que los enemigos no venían a destruir.
Los soldados que sabían que la retirada no era posible, estaban sudando frío, cada quién sabía no muy bien el por qué de la lucha...Estaban lejos de su hogares, sabían que la victoria era imposible. Hatch estaba confuso, casi fuera de sí, pensando en lo que dejaba y lo que haría, pensando en Mox, Purohueso y el recuerdo de un Gottfried molesto lo atormentaba, sumado a ésto, nunca era bueno en las arengas a tropas.
En los barcos, en tanto, soldados jóvenes que no perdían nada con irse a aventurar y viajar con el Príncipe, estaban pálidos, a pesar de ser esbeltos y sanos, parecía que morirían esa noche. Los marineros y ciudadanos que estaban en ellos no se encontraban en mejor condición. Por algún extraño motivo, Bennet había evitado por voluntad propia o no, el pedirle algo a Zippy, creía en él... Mas todo estaba bien, siempre había estado bien. Esa noche las plegarias se hicieron una, fue la noche en que la luna vió junto más miedo y resignación como nunca lo hizo.
Llegó el amanecer, a lo lejos polvo, eran las tropas enemigas, al fin, la hora de una buena lid había llegado. Un griterío ensordecer comenzó en la ciudad, a la vez que las despensas de los barcos estaban llenas por completo, y se llevan otras reservas a la ciudad. Los informes decían que los barcos habían sido hundidos, resistieron estoicamente mucho más de lo previsto, pero estaban a menos de 1 día de viaje.
Hatch, en el muro principal, junto a Sir Edwin gritaban -¡Fuego!- Cada grito seguido de un silbido, y la lejana imagen de un humo en el suelo. ¡Señor, tiene cañones de largo alcance!, el grito que preocupó a Bennet -¡Apuntad a los cañones enemigos!- cerca de 20 cañonazos intermitentes se oían salir de los muros de la ciudad. Los barcos se alistaban. ¡Fuego! Un silbido, una explosión al lado enemigo, las colinas eran buenas, por muy largo alcance de cañón enemigo.
¡Rayos!- Dijo Bennet - ¡Hombres, vamos, luchad!, no flaqueéis ahora, pensad en cómo queréis ser recordados. Las tropas enemigas avanzaban a paso firme, verdadero mar de soldados que parecía imposible de derribar. -¡Cuidado!- gritó el centinela, grito seguido de la ensordecedora explosión en uno de los muros. ¿¡Estáis bien, Sir Edwin!? -Mejor que nunca...- Dijo con una sonrisa, interrumpida por la tos provocada por el polvo de la explosión. ¡Seguid disparando!, ¡No os detengáis!. Gritos acompañados de un movimiento de espada, la bandera del reino seguía flameando en los muros.
Soldados, preparad vuestras armas. Los muros estaban humeando. Las tropas enemigas demasiado cerca. ¿Quiénes quedan en la ciudad?- Preguntó Bennet, intranquilo - ¿Queda alguien más, Sir Edwin?- Sir Edwin miró a los barcos -333 personas en todos los barcos señor, faltamos nosotros 2. -La tropa está cansada...¿Crees que es hora, Edwin?- Dijo Bennet, observando la bandera del reino -No, aún no señor-. De reojo divisaron a Sir Harold Marmück -¿Creíais que os ibais a quedar con toda la tropa hasta el final?.
Sorprendidos ven a Harold; mueve a las tropas, las posiciona y parapeta y ordena fuego. Evita toda costa, que se acerquen más tropas a la ciudad. Se acaban las municiones, y se agotan las fuerzas.
Cañonazos, polvo, sangre. -¡Barco a la vista!- Grito anónimo proveniente de la cuidad, los habitantes informaban que barcos enemigos se acercaban, atardecía. -Señor...Ya es hora- Bennet no reconoció quién dijo aquellas palabras, pero movió la mano hacia arriba. -¡Al suelo!- Polvo de nuevo, soldados aturdidos, y otro, gritando, cayendo del muro. -¡Estáis bien, señor!- No escuchó voz el Sir. ¡Hay que escapar, vamos!. La tropa se retira, mientras, la bandera del reino, ubicada en la entrada principal ardía por la explosión. ¡Vayámonos, no tenemos mucho tiempo! Exclamó Sir Harold, mientras llevaba, junto a Sir Edwin al Príncipe.
Las banderas eran arriadas, ante lo que el fuego enemigo cesó. ¡Moveos!, gritaban los sires. Ya en los navíos, Bennet, semi-conciente balbucea -Aligerad el peso... Usad el sol... A nuestro favor...- Desfallece. Mientras, los barcos enemigos se acercan, disparan, están fuera de rango, aceleran. Las tropas enemigas en tierra se percatan de la maniobra y entran a la ciudad lo más rápido que pueden. Ven cañones de navíos en los muros, los usan contra los barcos, pero ya es tarde para ellos.
Por suerte o inteligencia, los barcos huyen, ojalá sean amparadas las almas de la ciudad,es lo que todos piensan, pero por ahora, están seguros, escaparon, tienen otra oportunidad y se llavean consigo a parte de la gente de la ciudad. No lo hicimos mal, piensa, aún aturdido, el ahora Monarca de facto autoexiliado.

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Re: Texto original (Boceto, no formará parte de la historia)

Mensaje  Purohueso el Mar Oct 11, 2011 9:47 pm

Encontré la versión anterior al texto original, lol!
Tras el anuncio del Rey de declarar República al Reino de eChile, quedé impactado...La persona que había sido prácticamente un amigo....Que me trató como igual...Aquella persona a quién le debía mis títulos y honores...No sabía que pensar...
Sólo se quedó el Rey, y yo impactado, pasmado..... Intenté ponerle fin a eso, a esa decisión. intentar hablar con Gottfried para que se retractara., declarar que fue “un lapsus por la crisis..” pero se retiró sin más.
Gottfried...1er Rey de eChile, persona a quien le debía todos mis asensos...Si, pagué costos, trabajé duro...Pero fue él quien me puso a modo de consejero, él quién me dio beneficios y posiciones , tierras y palacios...Le estaré eternamente agradecido y siento, en parte, que fui responsable de ésta caída. Algo pude haber hecho para evitar tales acontecimientos ¿no?...Bueno, quizás luego sea ocasión de discutir culpas.
Consternado y apabullado, decidí prepararme para llegar lo antes posible a mi principado, en ese entonces “disuelto”, para invalidar todo y separarme del Reino...Pero, de forma más calmada, logré recapacitar ¿Separarme?...Imposible, no se puede hacer frente ya sin rey y en este caos “silenciado” aún; calma antes de una tormenta, a tantos enemigos.
Antes de partir a Concepción, decidí enviar un mensaje, con sellos personales y reales a Purohueso, de carácter urgente.... ¿Cómo tomaría la noticia? Ni idea...Pero, ¿cómo estaba él? ¿Y los ataques rotoístas?....Plasmé dudas y palabras de aliento que, quizá, nunca serían respondidas...Ni siquiera sé si el mensaje le habrá llegado...
A medio camino de Concepción,, decidí enviar a Valpo a un emisario, para que dejara listo un par de barcos, especialmente preparados para un largo viaje...Aún sin gobierno, era una especie de “líder interino”.Por vez 1era ser el príncipe heredero contaba algo, la gente aún me hacía algo de caso...Aunque fuera algo, pero no evitaba el gran desorden general que imperaba en el ahora ex-reino.
Al llegar a Concepción, mis consejeros me dijeron que lo más prudente sería utilizar Valparaíso cómo último bastión defensivo, ya que huir desde allí era más fácil Corsarios al norte impedirían el avance de navíos, y Purohueso al Sur, haría lo suyo, esperábamos yo y mis consejeros. Además en Santiago había quedado gran parte de las tropas.
¡Momento!, ¡Santiago! ¿Las tropas?, ¿los movimientos?, ¡el ejército real!...Rayos...Una República y una declaración apenas si afirmada por el Rey, dejaba a todos consternados Yo aún tenía autoridad, pero me era imposible manejar todos los ejércitos en tales condiciones, ya sobre la mesa de Concepción tendría 2 informes con distintas divisiones disueltas o sublevadas....Apenas tenía el control del ejército regional.¿Qué hacer? Con esas tropas me sería imposible hacer frente de forma digna.
Tal vez huir a Europa, conseguir apoyos para recuperar eChile...O para entregarlo a otro monarca, todo con tal de no perder totalmente las posesiones que, considero, me ha costado tanto trabajo tener.
Los enemigos seguían al norte...Pero pronto su avance sería rápido, si sabían hacerlo bien, se encontrarían poca resistencia, por tanto, decidí preparar todo para huir esa misma noche. Envié un mensajero a Mox, diciéndole que huiría a Europa, sabía que él querría luchar, le dejaba mis mejores deseos e informaba que casi todos los regimientos “leales” a mi de la región, serían dirigidos a Santiago y Valparaiso. Y que quedaba en libertad de acción, en 4 días más, contando el día en que enviaba el mensaje, partiría de Valparaíso.
Junto a mi consejero de guerra, terminé las órdenes: “A todas las tropas, que esperen órdenes mías. Por ahora, dirigirse a los fuertes y bastiones y quedar en reserva, en caso de enfrentamiento los capitanes y generales quedan en libertad de acción”. Ésto salvo a los regimientos enviados a Santiago y Valparaíso. Era obvio que desde allí comunicaría que dejaba en libertad de acción a todas las tropas, en todo aspecto.
Finalmente comencé a vaciar mi palacio, mis consejeros y algunas tropas nos aprestábamos para salir rápidamente de allí. Muebles, dinero, bienes, candelabros de plata...¿Serían suficientes 2 navíos? Tal vez no, eramos bastante gente...Pero los soldados no huirían. Al menos, no los dejaríamos.
Nos atrasamos poco y partimos en la madrugada. Mis consejeros, unos sirvientes y yo, nos adelantaríamos para llegar en menos tiempo, acompañados de un destacamento de caballería, en caso de algún pequeño ataque. Sin embargo, no se presentó nada hasta llegar a Valparaíso.
Allí, supe que los navíos estaban casi listos...En puerto sólo quedaban otros 8, 2 de ellos ya estaban por zarpar, pero prometí a Mox que esperaría: Tiene 3 días.
Por ahora, contando a mis consejeros y sirvientes, no pasaríamos de 60 personas ¿Los navíos alcanzaban? Si. Si bien no eran Galeones, aquellas naos, una de 4 y otra de 3 niveles, ambas con doble castillo, daban abasto perfecto.
Pero habían problemas: No sólo los consejeros y sus familias me querían acompañar en caso de huir. Además, destacados ciudadanos querían lo mismo y se acercaron a pedírmelo...Les dije que esperaran un día, a que llegaran las tropas de Concepción.
Al llegar, avanzada la tarde, las tropas se organizaron alrededor de las defensas de la ciudad. En los muros, aprestamos algunos cañones y munición que sacamos de las naos; teniendo así aún más espacio, que cargamos con comida y algunos bienes.
Pero ¿Qué hacer con los ciudadanos ilustres? Había sólo 1 carabela y 1 goleta. Podía adquirirlas fácilmente, no era problema de recursos pero sí de la cantidad de comida...Era poca, podría tener 2 barcos y aumentar la comida que llevamos, pero es limitada ¿Cuántas personas más? ¿20?
¿Y si Mox llegaba? No tenía idea de qué poder

Saludos, study
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Re: Texto original (Boceto, no formará parte de la historia)

Mensaje  Administrador el Mar Oct 11, 2011 11:53 pm

Ah, mil gracias Hueso, eso estaba escrito en 1era persona. Razz

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